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Marco Bonilla exhibe a Claudia Sheinbaum por logo de la policía de Nueva York, en las patrullas del municipio de Chihuahua

  • Foto del escritor: LUIS ROCHA / Noticias
    LUIS ROCHA / Noticias
  • hace 24 horas
  • 1 Min. de lectura

✍️ EDITORIAL




El alcalde de Chihuahua, Marco Bonilla, terminó metiendo en un aprieto político a Claudia Sheinbaum, por el logotipo de la policía de Nueva York en las patrullas del municipio.


Mientras la presidenta intentó colocar bajo sospecha los contactos del gobierno chihuahuense con autoridades de Estados Unidos, Bonilla respondió con una precisión incómoda:


Las reuniones fueron informadas, transparentes y, según medios locales, incluso contaron con acompañamiento de cónsules y regidores de Morena.


El golpe político está en la contradicción. Sheinbaum preguntó qué se firmó, qué se acordó y bajo instrucción de quién se realizaron esos contactos con autoridades estadounidenses.


Pero si el propio alcalde sostiene que todo fue informado al Gobierno de México, entonces la narrativa presidencial pierde fuerza y se convierte en un tropiezo fabricado desde Palacio Nacional.


La estrategia de Sheinbaum parecía clara: convertir el caso Chihuahua en una bandera de soberanía para golpear a la oposición.


El problema es que Marco Bonilla no se enganchó con estridencia; respondió con datos, contexto y serenidad política.


Y eso exhibe algo más grave: cuando el gobierno federal intenta construir sospechas sin cerrar bien los flancos, termina dejando abierta la puerta para que la oposición le regrese el golpe.


En Chihuahua, Sheinbaum quiso poner contra la pared al PAN. Pero el alcalde terminó mostrando que la presidenta puede equivocarse, sobreactuar y tropezar con su propio discurso.



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