• LUIS ROCHA / Noticias

La muerte de Sammy Pérez y la hipocresía de Televisa

*EDITORIAL /


El fallecimiento del comediante, Sammy Pérez, ha descubierto el lado más abominable y oscuro de la televisión mexicana. No estaríamos equivocados al señalar que el 99.9 % de los mensajes de condolencias –provenientes de Televisa-, son totalmente fingidos o actuados.


Sammy Pérez ingresó a la televisora de Emilio Azcárraga Jean, para ser el bufón de Eugenio Derbez. La discapacidad del comediante, fue explotada al máximo en el recordado programa “XHDBZ”, donde se le humillaba en cada capítulo.



Sammy Pérez sufría dislexia (transtorno del aprendizaje), y eso fue el motor para que el programa de Eugenio Derbez, subiera en el rating nacional. La condición de Sammy fue aprovechada por otros personajes de la televisora.


Galiela Montijo, quien aparece como la estrella principal de Televisa, también utilizó a Sammy Pérez para maltratarlo a nivel nacional. En un sketch, abusó literalmente de la inocencia del comediante, provocando indignación en varios sectores.



Televisa no se tentó el corazón con Sammy Pérez.


El comediante sufrió en sus últimos días de vida; el COVID lo llevó a una muerte muy cruel, y eso también fue aprovechado por la farándula. Los programas de espectáculos, mostraban a un triste y desconsolado Eugenio Derbez, quien decía que él había pagado los gastos médicos.


Por desgracia, vivimos en un país que no respeta a los grupos vulnerables. En caso de que los Derechos Humanos funcionarán en México, tanto Azcárraga como Derbez o Galilea Montijo, ya hubieran sido retirados de la televisión.


Pero como al gobierno también le conviene el pan y circo, pues que se jodan los que se tengan que joder. En Televisa, Televisión Azteca o Imagen Televisión, siempre existirá la decadencia de principios y valores. Pero es momento de poner un alto a toda esta infamia.


Es muy triste la muerte de Sammy, y mañana ya nadie se acordará de él.


Depende de la sociedad, seguir soportando contenidos llenos de odio y rencor.


Ahora resulta que todos querían y amaban a Sammy.


¡Cuánta hipocresía!


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