Isaac Montoya: ¿por qué los parquímetros en Naucalpan son rechazados por los ciudadanos?
- LUIS ROCHA / Noticias
- hace 9 horas
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Isaac Montoya, alcalde de Naucalpan, enfrenta un creciente rechazo ciudadano por la implementación de parquímetros a través del sistema NauPark, una medida que el gobierno municipal presenta como un programa de ordenamiento vial.

Los parquímetros llegan a un Naucalpan desordenado, inseguro y con servicios deficientes. Llegan a calles deterioradas, zonas comerciales presionadas, vecinos inconformes y ciudadanos que ya sienten que pagan demasiado por recibir poco.
De acuerdo con la página oficial de NauPark, el programa busca ordenar el estacionamiento en vía pública, mejorar la rotación de cajones, reducir dobles filas, liberar banquetas y cruces, además de ofrecer pagos con comprobante físico o digital.
Isaac Montoya Naucalpan: parquímetros bajo rechazo ciudadano
El gobierno de Isaac Montoya sostiene que los parquímetros buscan mejorar la movilidad y ordenar el uso del espacio público.
La pregunta es inevitable: ¿por qué cobrar primero antes de demostrar resultados?
En Naucalpan, muchos vecinos no rechazan el orden. Rechazan que el orden llegue en forma de cobro. Rechazan que se les pida pagar por estacionarse en calles que ya financian con impuestos.
Rechazan que se les hable de movilidad cuando muchas vialidades siguen en mal estado. Rechazan que se les prometa mejoramiento urbano sin garantías claras sobre el destino real del dinero.
Parquímetros Naucalpan: las desventajas que el gobierno no quiere ver
Los beneficios oficiales de NauPark suenan bien en el papel: más rotación, menos dobles filas, mejor experiencia urbana y disponibilidad de espacios.
Pero las desventajas también son claras.
Los parquímetros pueden afectar a vecinos que no tienen cochera o que viven en zonas de alta presión comercial.
Los parquímetros pueden golpear a pequeños comercios si los clientes deciden evitar zonas donde estacionarse implica pagar.
Los parquímetros generan cuestionamientos sobre quién administrará el sistema, cuánto se queda la empresa operadora y cuánto se invierte realmente en las colonias.
Los parquímetros pueden profundizar la percepción de abuso si se implementan en zonas donde hay baches, inseguridad y falta de alumbrado.
¿Orden vial o recaudación municipal?
Esa es la pregunta central para Isaac Montoya. Porque nadie puede negar que Naucalpan necesita orden vial, aunque el problema sea el desorden político.
¿Quién gana con NauPark? ¿Cuánto dinero ingresará al municipio? ¿Qué porcentaje se quedará la empresa operadora? ¿En qué calles se invertirá lo recaudado?
Lo que se cuestiona es si los parquímetros son la mejor solución o si se trata de una medida que traslada el costo del desorden al ciudadano.
¿Habrá informes públicos mensuales? ¿Se consultó realmente a vecinos y comerciantes? Sin respuestas claras, los parquímetros dejan de parecer política pública y empiezan a parecer caja recaudatoria.
Isaac Montoya y el costo político rumbo a 2027
Cuando una medida nace con rechazo ciudadano, el problema deja de ser administrativo y se vuelve electoral.
Los parquímetros en Naucalpan no solo cobran estacionamiento. También pueden cobrarle factura política a Isaac Montoya rumbo a 2027.
Si los vecinos sienten que el gobierno municipal les impone un cobro sin resolver antes los problemas de fondo, la inconformidad puede crecer.
Naucalpan es un municipio estratégico del Estado de México. Morena no puede darse el lujo de llegar a 2027 con una narrativa de abuso ciudadano.
Parquímetros en Naucalpan: el rechazo no es contra el orden, es contra el abuso
El gobierno de Isaac Montoya debe entender algo: los ciudadanos no están en contra de ordenar Naucalpan.
Los vecinos están en contra de pagar más por un municipio que no entrega resultados. Están en contra de que el espacio público se administre sin plena transparencia.
Están en contra de que una solución vial se convierta en negocio. Están en contra de que el gobierno cobre antes de convencer.
Antes de presumir los beneficios de NauPark, el gobierno municipal debería responder las dudas ciudadanas.
Porque en política, una medida mal explicada se convierte en molestia. Y una molestia acumulada se convierte en voto de castigo.