Cumpleaños de Rubén Rocha Moya: acusan que empleados del Gobierno de Sinaloa fueron obligados a felicitarlo
- LUIS ROCHA / Noticias

- 15 jun
- 2 min de lectura
✍️ EDITORIAL
El señalamiento contra el gobierno de Rubén Rocha Moya exhibe una práctica profundamente autoritaria: convertir a empleados públicos en instrumentos de culto político para sostener la imagen de un gobernador cuestionado.

La política mexicana vuelve a mostrar uno de sus rostros más vergonzosos: el uso de trabajadores públicos como ejército de aplaudidores obligados.
De acuerdo con un señalamiento difundido en X por Marcel Carrillo, empleados de distintas dependencias del Gobierno de Sinaloa y de ayuntamientos habrían sido presionados para felicitar al gobernador Rubén Rocha Moya por su cumpleaños número 77.
La acusación es grave no por la felicitación en sí, sino por lo que representa: una estructura de poder que presuntamente, obliga a trabajadores a rendir pleitesía política para conservar tranquilidad laboral.
Porque una cosa es que alguien felicite libremente a un funcionario y otra muy distinta es que desde el poder se induzca, presione o vigile quién cumple con la “solicitud”.
Según la publicación, incluso habría listas para verificar quién ya felicitó al mandatario sinaloense. Esa imagen resume la descomposición política: empleados públicos tratados como subordinados personales de un gobernador, no como servidores del Estado.
Rubén Rocha Moya gobernó una entidad marcada por crisis, violencia y severos cuestionamientos políticos. En ese contexto, que el aparato público sea utilizado para fabricar muestras de cariño resulta ofensivo para la ciudadanía.
El poder que necesita felicitaciones obligadas no muestra fortaleza; muestra miedo.
Sinaloa no necesita empleados forzados a escribir mensajes de cumpleaños. Necesita autoridades concentradas en dar seguridad, gobernabilidad y respuestas.
Porque cuando un gobierno confunde lealtad institucional con culto personal, la democracia se degrada.
Y cuando los trabajadores tienen que aplaudir para no meterse en problemas, el poder ya dejó de servir: empezó a exigir reverencia.



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