Claudia Sheinbaum: fracking exhibe contradicción y doble discurso de la presidenta de México

El fracking se convirtió en una de las contradicciones más incómodas para Claudia Sheinbaum. La presidenta miente.

Durante años, la presidenta de México construyó parte de su discurso ambiental sobre el rechazo a la fractura hidráulica.
Sin embargo, ahora el mismo gobierno de Sheinbaum abrió la puerta para revisar esta técnica bajo el argumento de la soberanía energética.
Ahí está el problema político. No se trata sólo de discutir si México necesita gas. No se trata sólo de revisar tecnologías. Se trata de una presidenta que no cumple lo que promete.
Sheinbaum pasó del “no” al fracking a los “ojos de soberanía”
Claudia Sheinbaum reconoció que durante muchos años dijo no al fracking, pero ahora pidió mirar el tema con “ojos de soberanía”.
Ese cambio no es menor.
Cuando una política ambiental se modifica desde el poder, la ciudadanía tiene derecho a preguntar si hubo evolución técnica o simple conveniencia política.
El gobierno puede argumentar soberanía. Pero no puede borrar el hecho central: la postura cambió. Y cambió desde Palacio Nacional.
El fracking golpea el discurso ambiental de Claudia Sheinbaum
La contradicción es más grande porque Sheinbaum no llegó a la Presidencia como una política ajena al tema ambiental.
Sheinbaum llegó como científica. Llegó como una figura que durante años criticó los daños ambientales. Por eso el giro al fracking pesa más.
No es lo mismo que lo haga un gobierno sin discurso ambiental.
Lo grave es que lo haga una presidenta que convirtió el ambientalismo en parte de su legitimidad pública.
Soberanía energética o justificación política
El gobierno federal sostiene que la discusión sobre gas no convencional debe analizarse desde la soberanía energética, especialmente ante la dependencia del gas importado.
Lo curioso y chistoso es que Sheinbaum defendió el análisis del fracking como parte de una estrategia para proteger la soberanía nacional.
La pregunta es inevitable:
¿La soberanía energética justifica romper una promesa ambiental?
Porque si la respuesta es sí, entonces el discurso verde queda subordinado al cálculo energético.
Y si la respuesta es no, entonces el gobierno tendría que explicar por qué abrió la puerta a una práctica que antes rechazaba.
El doble discurso de Palacio Nacional
Claudia Sheinbaum puede decir que escuchará a especialistas. Puede insistir en que se revisarán tecnologías menos dañinas.
El doble discurso de Sheinbaum ya quedó instalado. Porque antes el fracking era presentado como un riesgo ambiental.
Hoy el fracking aparece como una posibilidad en nombre de la soberanía. Antes era una línea roja. Hoy es una opción técnica. Antes era rechazo. Hoy es análisis.
Y en política, cuando una promesa se convierte en “vamos a revisar”, el incumplimiento empieza a tomar forma.
México merece claridad, no giros convenientes
El país necesita una política energética seria. Pero también necesita gobiernos que hablen con verdad, no gobiernos falsos e hipócritas.
Si el fracking será descartado, Sheinbaum debe decirlo con claridad. Si será autorizado, debe asumir el costo político y ambiental.
Si el fracking sólo se está abriendo la puerta para medir reacción social, entonces el gobierno está jugando con una promesa que hizo a millones de mexicanos.
La soberanía energética no puede convertirse en excusa para traicionar la palabra empeñada.
Porque cuando una presidenta promete no avanzar hacia el fracking y luego pide verlo con otros ojos, la pregunta deja de ser técnica.
Se vuelve política. Y la política, tarde o temprano, cobra las contradicciones.



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