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Primero los pobres, pero no si son niños que padecen cáncer

Por Rodolfo Rocha Garnica




Las quimioterapias son tratamientos médicos utilizados para combatir diferentes tipos de cáncer, que en la mayoría de los casos demuestran su efectividad, aunque las reacciones después de suministrarse causan molestias, principalmente náuseas y caída de cabello, pero también pueden presentarse dolores musculares y afectación de las papilas gustativas.


Médicos mexicanos, de reconocido prestigio internacional en las áreas de la hematología y oncología, respaldan científicamente su efectividad, lo cual es esperanzador para quienes se someten a ese tratamiento para combatir uno de los flagelos más terribles de los últimos años: el cáncer en sus diferentes variantes.


El tratamiento del cáncer, a través de quimioterapias, es costosísimo y para las personas de clase media (esa a la que ya no quieren en los discursos oficiales de este gobierno), los de la clase pobre y todavía aún más para quienes están en condición de miseria o pobreza extrema, sufragar un tratamiento de este tipo es imposible.


Por ello, quienes gozan del derecho constitucional de seguridad social, atender el cáncer en instituciones de salud pública era, hasta hace apenas tres años, un motivo de alivio para su pesar. Hay que decirlo duro y con fuerza, el cáncer pesa no sólo a quien lo padece, sino a toda su familia y sus cercanos.


Hace años, cuando se difundió que el ex gobernador de Veracruz, Javier Duarte, inyectó agua en lugar de quimioterapias a niños de ese estado, a muchos nos hirvió la sangre y señalamos ese acto como un crimen de lesa humanidad.


En México, cada año mueren 89 mil personas por padecer esta enfermedad y, en el caso del cáncer infantil, constituye la segunda causa de muerte y la primera por enfermedad en niños de cinco a 14 años de edad; cada año mueren más de dos mil infantes, de acuerdo con cifras del Centro Nacional para la Salud de la Infancia y Adolescencia (Censia).


El tratamiento del cáncer es uno más de los asuntos públicos en donde se observa desigualdad, porque los pobres de los pobres, que en su mayoría carecen de los servicios públicos de salud, están destinados a no sobrevivir por esta grave causa.


Pero también ahora, en este gobierno que se jacta de izquierda y de transformación, los derechohabientes cuyos hijos han sido diagnosticados con cáncer, se enfrentan a una terrible realidad : no hay quimioterapias para su tratamiento.


Pero la irresponsabilidad por esta carencia, la busca echando culpas al pasado, quien predica todas las mañanas desde el palacio nacional. Como señalamos líneas arriba, el tratamiento del cáncer ensancha la desigualdad. Qué no nos vengan con la frase propagandística de "primero los pobres", porque con esto se demuestra lo contrario.


En la última ceremonia del Grito de Independencia, López Obrador vitoreo "viva el amor al prójimo", pero utilizando también una frase extraída de la Biblia le refutamos "por sus hechos los conoceréis".


Primero los pobres, pero no los niños con cáncer.

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