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Extremismo en América / Por Maritza Mena

*OPINIÓN / @MaritzaMena7


Imaginemos que un grupo de líderes religiosos católicos, por mencionar la religión más popular, decide cometer un acto terrorista para exigir que en todos los hogares de algún país se venere al papa o la imagen de Jesús, además de que se adjudiquen el ataque sin miedo alguno.


Este escenario en nuestra región resultaría impensable; sin embargo, forma parte del radicalismo político-religioso que existe en Medio Oriente, mismo que se agudizo en los años 70 y con la Guerra Fría se fortaleció. Hablamos de Afganistán.


La existencia de este pensamiento radical se sustenta en la religión con una mezcla de política e impera en distintas organizaciones: Talibanes, Al-Qaeda, Hamas o Hezbollah, brazos armados que buscan imponer su ley y un régimen de gobierno sustentado en el miedo, movilizados por un fundamento religioso.


Con la revolución islámica llegó también el pensamiento extremista a Medio Oriente; sin embargo, en Occidente se separó la Iglesia del Estado desde el siglo antepasado y se fomentó el régimen democrático como forma de gobierno.


En Medio Oriente, y en especial en Afganistán, el extremismo en la Guerra Fría se hizo más fuerte cuando Estados Unidos decidió financiar a los talibanes para derrotar a la Unión Soviética, posteriormente su intención habría sido crear en esa nación un estado democrático, aunque en realidad los talibanes nunca estuvieron de acuerdo, con ellos no se puede negociar. Se aceptan sus términos o nada.


La salida súbita de los estadounidenses del país provocó el arribo del régimen Talibán, quien como primeras acciones decidió liberar presos, terroristas. Un peligro que los ciudadanos vieron y por eso intentaron desde las primeras horas salir de su país.


El peligro no obstante también lo es para mundo porque la organización fomenta el terrorismo internacional en la búsqueda de imponer su ley, la Sharia, en la que cualquiera que no alabe a su Dios es infiel y debe morir. Las mujeres obviamente no tienen derechos.


Los integrantes de estas organizaciones son adoctrinados desde pequeños. Piensan que cualquiera que no crea en su Dios debe morir, mientras más infieles se eliminen más posibilidad existe de ir al cielo, por eso vemos como algunas personas se autoinmolan. Es prácticamente un honor dar la vida por un “bien mayor”.


En un mundo globalizado nadie está seguro y más cuando grupos extremistas parecidos a los talibanes, como Hezbollah, han encontrado en nuevas dictaduras, como Venezuela, lugares donde pueden extender sus operaciones.


En este sentido, la cercanía de México con esa nación latinoamericana representa un riesgo, pues el partido en el poder ha decidido violar constantemente el Estado laico, y tolerar a grupos criminales que influyeron en las pasadas elecciones. El Gobierno mexicano se ha dedicado a atacar a las clases medias, profesionistas, opositores, entre otros sectores, antes que a esos grupos.


Si pensamos que México es una isla en la que no se extenderían comportamientos extremos estamos equivocados, será cuestión de tiempo para saber si estos se consolidan o se terminan; sin embargo, debemos tomar en cuenta que las autoridades se encuentran más cerca de los capos a quienes visita, que de los mexicanos a quienes ataca.


Rusia y China intentan ya entablar relaciones con los talibanes, los mismos países que apoyan dictaduras en América Latina y que tienen lasos con extremistas. Por desgracia nuestro país está muy cerca de ellos.


*La articulista es Licenciada en Televisión. Periodista con 13 años de experiencia. Secretaria de Acción Política de la Asociación de Periodistas, Comunicadores y Reporteros Gráficos (ASPEC A.C). Activista digital y militante.

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